Las medidas de ahorro energético del ministro Sebastián son, con o sin corbata, el chocolate del loro. Aumentar la dependencia del gas natural es ponernos en manos de Argelia y Marruecos, algo a lo que nos están acostumbrando Zapatero y compañía.
Algunos se acordarán de la melodía de una canción de los años ochenta de Aviador Dro que llevaba por título “Nucleares sí, por supuesto”, y con ella quiero homenajear, si me lo permiten con socarronería, a todos cuantos opinan de la energía nuclear sin saber bien de lo que hablan. Mucho se está hablando últimamente del Cambio Climático y de las consecuencias del mismo sobre nuestro planeta, en concreto sobre el clima y sus repercusiones sobre nuestra sociedad. También es cierto que no se está hablando tanto, o al menos, no se ha abierto todavía, un auténtico debate sobre el modelo energético que necesitamos para acabar así con la emisión incontrolada de millones de toneladas de dióxido de carbono y metano a la atmósfera. Pienso que es hora de abrir, de una vez por todas y sin complejos, un debate serio, científico, riguroso y nada especulativo sobre la energía nuclear. Loyola de Palacio intentó esta empresa en varias ocasiones, no obteniendo sus mensajes el calado y el eco que merecían dentro de la sociedad europea. Últimamente, han sido otros los que han querido impulsar este debate pero tampoco con mucha fuerza por el temor al qué dirán, a lo políticamente correcto que, a veces, está perjudicando a la sociedad y nadie quiere ser el que le ponga el cascabel al gato. Siempre desde el respeto a cualquier opinión, me he posicionado en la necesidad de retomar la opción de la energía nuclear como la menos mala y más eficiente arma para luchar contra el cambio climático y las emisiones de gases de efecto invernadero.
Las emisiones de dióxido de carbono de una central nuclear son cero, así como la emisión de dióxidos de azufre, óxidos de nitrógeno, cenizas, escorias…lo que nos permite luchar contra la lluvia ácida y el aumento del efecto invernadero que provocan las centrales térmicas que utilizan el carbón o el petróleo como materia prima. En esto sí que hay acuerdo, hay que reducir emisiones. De momento, las energías renovables no pueden satisfacer la demanda energética que tiene nuestra sociedad, aunque debemos invertir para que así sea en un futuro no muy lejano. La energía nuclear ha de servir pues como energía de transición entre las energías fósiles, no renovables, como el carbón y el petróleo y las energías renovables no contaminantes como la nuclear por fusión, la solar, la eólica y la biomasa, entre otras. Cierto es que la gestión de los residuos nucleares es lo que más preocupa, no sólo a las asociaciones ecologistas sino a las propias empresas y comunidad científica internacional. Hay emplazamientos geológicos o cementerios nucleares donde estos residuos pueden ir a parar, sin que por ello, nuestro medio ambiente se vea perjudicado. Todo es cuestión de voluntad y de conocimiento sobre las radiaciones. Sorprendería saber la cantidad de radiación natural a la que está expuesto el hombre diariamente y desconocemos hasta qué punto nos afecta. Un fumador, por ejemplo, está metiendo polonio radiactivo en sus pulmones. Cada hora nos atraviesan más de doscientos millones de rayos gamma, también presentes en la desintegración nuclear. Muchos alimentos, como el marisco, tienen radiación natural y cada hora, se desintegran en nuestro interior quince millones de átomos de potasio-40 y siete mil de uranio natural. Quiero decir con esto, que aproximadamente el 88% de la radiación que recibe el hombre es de origen natural y por tanto deberíamos asumir que el invierno informativo en el que nos hemos criado no nos ha hecho ningún favor. Uno tiene la sensación de que sólo cuando nos hacemos radiografías, nos acercamos a una central nuclear o a un acelerador de partículas en los hospitales, es cuando podemos tener peligro de radiación. Pues no. Ya es hora de que acabemos con esta creencia. Precisamente, el debate que propongo abrir es ese. Contar todas las verdades y mentiras, con rigor científico de la energía nuclear. Al final veríamos que no es tan mala como dicen, aunque sí es muy peligrosa si no se sabe utilizar. Todo depende del uso que le demos y de las medidas de seguridad que adoptemos. Hay tecnología, hoy en día, para hacer segura una central nuclear, de nosotros depende que queramos asumir ese riesgo, que aunque muy pequeño, siempre existe. Si las tecnologías de las renovables fueran suficientes como para abastecer nuestras necesidades diarias de energía, yo sería el primero en pedir que se abandonara la energía nuclear de fisión, la que tiene desechos radiactivos, pero hoy en día esto no puedo hacerlo. En estos momentos no podemos prescindir de una fuente de energía tan barata como poderosa que es capaz de satisfacer la demanda energética sin perjudicar al planeta. Aquí hay que tomar decisiones valientes. Para cumplir con Kyoto hay que pasar, por unas décadas y hasta que se desarrollen plenamente las fuentes de energía renovables, por la utilización de la energía nuclear de fisión, aunque paguemos el precio de los residuos. Pienso que la Tierra lo merece. Frenar drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero no pasa, de momento, por utilizar exclusivamente energías renovables. Lo que sí hemos de hacer, desde hoy mismo, es apostar, decididamente y sin más contemplaciones, por este tipo de energías, invirtiendo lo que sea necesario en su desarrollo, pues en nuestro beneficio redundarán los éxitos en estos campos. Hasta entonces, hasta poder tener esa suficiencia energética con recursos renovables, seamos prácticos y no renunciemos a una tecnología, que hoy por hoy, es la única capaz de frenar las emisiones de CO2 y de suministrar la energía necesaria para mantener el progreso y ritmo de nuestra sociedad, por eso, y aunque algunos no lo quieran entender, Nucleares sí, de momento.
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